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Estudios de Genesis 49:28 50:14

Written By Alexandr on domingo, 13 de julio de 2014 | 10:14

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GÉNESIS 49:28 – 50:14


Introducción

El v.28 es un resumen de Gén 49:1-27.  ¡Qué bueno es cuando las últimas palabras de un padre son palabras de bendición!  Especialmente cuando son palabras proféticas, inspiradas por Dios.  Jacob ya no tiene favoritos; tampoco guarda rencor contra aquellos hijos que se portaron mal, y le hicieron daño durante su vida: “a cada uno por su bendición los bendijo” (v.28b).  Aunque habría que notar que las bendiciones no eran tanto personales (para cada hijo, en sí), sino colectivas – para las tribus que cada hijo encabezaba.


1. EL ÚLTIMO PEDIDO DE JACOB (Gén 49:29-32)

Habiendo bendecido a sus hijos, Jacob se prepara para morir.  No tiene nada más que hacer en la vida.  Dios prometió estar con él “hasta que haya hecho lo que te he dicho” (Gén 28:15), y fue fiel a Su palabra.  Consciente de la presencia de Dios en su vida, Jacob hace un último pedido.  No quiere ser enterrado en la tierra de Egipto; quiere que sus hijos le entierren en la Tierra Prometida.

¿Qué podemos aprender de este último pedido de Jacob?


a. La Importancia de la Fe

Abraham expresó su fe en Dios viviendo en carpas, “porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Heb 11:9-10).  Jacob expresó su fe en Dios, pidiendo ser enterrado en la tierra de Canaán, porque sabía que un día todos los hijos de Israel poseerían esa tierra; y él quería estar enterrado entre su pueblo – no en una tierra lejana, como lo sería Egipto (por tan ostentosa que era esa nación en su tiempo).

La fe nos lleva a vivir, no por lo que vemos, sino por lo que esperamos.  Ese es el espíritu que mueve a cada verdadero hijo de Dios.  Como dijera Pablo:

“Porque por fe andamos, no por vista” (2 Cor 5:7)

“…no mirando las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ve son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Cor 4:18)


b. El Valor de lo Espiritual

Jacob es bastante específico.  Quería ser enterrado en un lugar específico: “en la cueva que está en el campo de Macpela, al oriente de Mamre…” (v.30).  Pero, ¿por qué en ese lugar?  ¿Acaso era el lugar más bonito en toda la tierra de Canaán?  Se supone que Jacob pudo haber pedido ser enterrado en cualquier sitio.  José tenía suficiente dinero y poder para obtener cualquier parcela de tierra que quería para enterrar a su padre.

La importancia de la cueva de Macpela no era su belleza física, sino su valor espiritual.  Era el lugar donde Abraham estaba enterrado (v.31); el fundador de la nación de Israel .  Allí estaban enterrados también Sara, Isaac y Rebeca.  Por eso pidió ser sepultado “con mis padres” (v.29b).

Pero no nos equivoquemos.  Lo que movió el corazón de Jacob no era algo  sentimental, sino espiritual.  Al morir, él sabía que iba a ser “reunido con mi pueblo” (v.29a).  Aunque la cueva de Macpela no era un lugar muy atractivo, era el lugar donde sus padres estaban enterrados; no sólo sus padres físicos, sino también sus ‘padres’ espirituales.  Y él quería descansar allí.  En su muerte él quería estar identificado con sus ‘padres’ espirituales, más que con algo atractivo de este mundo.  Él quería identificarse  con aquellos que “murieron…sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran peregrinos sobre la tierra…” (Heb 11:13).

¡Qué ejemplo para nosotros!  Aún en su muerte, su mente estaba pensando en lo espiritual, y no en lo material.  Para Jacob, lo importante no era que estaba muriendo como el padre de José, el gobernador de Egipto; sino que estaba muriendo como un heredero de la fe de sus padres. ¡Por eso prefería ser enterrado en la cueva de Macpela, que en una pirámide de Egipto!


c. Entendiendo la Soberanía de Dios

Hay una frase, al fin del v.31, que es interesante.  Habiendo mencionado a sus padres que estaban enterrados en la cueva de Macpela, Jacob añade este detalle: “allí también sepulté yo a Lea”.  Sabiendo que toda la Escritura es inspirada por Dios, nos preguntamos si habrá algún significado en ese detalle.

Recordemos que la esposa favorita de Jacob fue Raquel; pero Raquel no fue enterrada en ese lugar.  En la soberana providencia de Dios, Raquel murió antes que Lea.  Murió en el camino a Bet-el, y fue enterrada en Belén.  ¡No fue enterrada con los padres de Jacob!  ¿Será que eso indica (simbólicamente) que ella no compartió la fe de Abraham y de Isaac?  No es por nada que la Biblia enseña que fue Raquel quien hurtó los ídolos de la casa de su padre, y se los llevó consigo cuando fueron a vivir en Canaán.

No podemos ser dogmáticos en cuanto a su vida espiritual, pero es interesante considerar que cuando Jacob estaba pensando en dónde ser enterrado, no pidió ser enterrado al lado de su amada Raquel, sino al lado de la menospreciada Lea.  Jacob nunca quiso casarse con Lea, y por muchos años no la trató bien.  Sin embargo, Dios la bendijo con muchos hijos, incluyendo Leví y Judá (Gén 29:34-35) – los ancestros del sacerdocio y la monarquía en Israel .

Al final, ella sobrevivió a Raquel; y cuando murió, Jacob la enterró en la cueva de Macpela, al lado de Abraham, Sara, Isaac y Rebeca.  ¡Qué privilegio para ella!  Seguramente, al final Jacob aprendió la lección de la soberanía de Dios.  Él hizo lo que quiso, casándose con Raquel (la privilegiada, por su hermosura física); pero Dios hizo lo que Él quiso, dándole a Lea como su primera esposa, y por medio de ella aumentando las tribus de Israel.

¿Será por eso que al final, cuando Jacob estaba muriendo, se acordó de Lea?  Se acordó de dónde ella estaba enterrada, y quiso estar enterrado a su lado.   Raquel ni es mencionada.  La soberanía de Dios vence al final.


2. LA MUERTE DE JACOB (Gén 49:33 – 50:3)

No tenemos muchos detalles de la muerte de Abraham o de Isaac, pero sí de Jacob.  Es como si toda su vida estuviera revestida de significado – ¡aún su muerte!

Moisés narra dos detalles:

- “encogió sus pies en la cama” (v.33).  En otras palabras, se alistó para morir; se puso cómodo en la cama.  Acababa de dar las últimas instrucciones a sus hijos, y estaba listo para morir.

- “expiró” (v.33).  La narración nos hace pensar en la muerte de Cristo.  Él primero agachó la cabeza, y luego entregó su espíritu.  Es como si Jacob hubiera hecho lo mismo; entregando su espíritu a Dios, quien fue Su protector a lo largo de su peregrinaje (ver Gén 48:15-16).

Es impresionante ver la fuerza física y la claridad mental que Jacob tiene al momento de morir, a pesar de sus 147 años.  ¡Fue el más longevo de los patriarcas!

Los mejores años de su vida (espiritualmente hablando) fueron los últimos.  ¡Felices aquellos que mueren, como Jacob, en su mejor condición espiritual!  Con razón, el autor de Hebreos resalta la fe de Jacob al morir (Heb 11:22).

Se cumplió en Jacob, la bendición descrita en Apo 14:13,

“Bienaventurados…los muertos que mueren en el Señor…descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen”.


NOTA: La frase, “fue reunido con sus padres” (v.33b), no se debe interpretar a la luz del v.29.  ¡Él no fue sepultado con sus padres por varias semanas!  Estas palabras deben ser entendidas de su alma/espíritu, y no se cuerpo.  Al morir, su alma/espíritu fue a la presencia de Dios, donde ya estaban Abraham e Isaac.  ¡Qué gloriosa bienvenida habrá recibido al llegar al cielo!  Victorioso, al final de una larga y difícil peregrinación.  Llegó al cielo, no tanto por sus esfuerzos, sino por la gracia de Dios.  Y desde ese momento es una joya más en la corona de Cristo, que redunda para Su gloria.


Luego de su muerte, como era natural, José se postró sobre el rostro de su padre, lloró sobre él, y lo besó (Gén 50:1).  Lo hizo, al parecer, como el hijo ‘primogénito’, adoptado por su padre para ser su heredero principal en lugar de Rubén.  José lloró por el padre que tanto lo amó, y de quien fue separado cruelmente por muchos años.

La muerte de Jacob fue en un contexto muy diferente a la muerte de Abraham y de Isaac.  ¡Ellos no tuvieron un grupo de médicos quienes se encargaron de alistar su cuerpo para el entierro!   Sabiendo que tenían que llevar el cuerpo de Jacob a la tierra de Canaán, era importante embalsamarlo bien (v.2).  El proceso duró 40 días (v.3).  Llevó ese tiempo porque fue un proceso largo, de secar el cuerpo para que no sea sujeto a la putrefacción.

Una vez embalsamado, los egipcios comenzaron el tiempo de duelo: “lo lloraron los egipcios setenta días” (v.3b) – un considerable período de tiempo.

Cuando Jacob huyó de su casa, años atrás, sin nada; habiendo engañado a su padre y estafado a su hermano, ¡qué esperanza tenía de hacer algo en la vida!  Sin embargo, cuando murió, una de las naciones más poderosas sobre la tierra hizo duelo por él.  Esto es lo que la gracia de Dios hace en la vida de aquella persona a quien Dios escoge bendecir.  La vida de Jacob sirve, no para glorificar sus esfuerzos, sino para glorificar la gracia de Dios; y magnificar Su misericordia y poder, en la vida de un pecador.   Jacob cantaría con mucho agrado y emoción el himno de John Newton:

“Sublime gracia del Señor
que a un infeliz salvó
Fui ciego más hoy veo yo
perdido y El me halló

Su Gracia me enseñó a temer
mis dudas ahuyentó
Oh cuán precioso fue a mi ser
cuando Él me transformó

De mi maldad me libertó
mi Salvador me rescató
Y como el mar fluye Su amor
Sublime gracia y amor

En los peligros y aflicción
que yo he tenido aquí
Su gracia siempre me libró
y me guiará al hogar

De mi maldad me libertó
mi Salvador me rescató
Y como el mar fluye Su amor
Sublime gracia y amor

Y cuando en Sión
por siglos mil
brillando esté cual sol
yo cantaré por siempre ahí
Su amor que me salvó”



3. LA SEPULTURA DE JACOB (Gén 50:4-14)

Cuando se acabó el tiempo de duelo, José comenzó a pensar en llevar el cuerpo de su padre para enterrarlo (v.4a). Por el cargo que ocupaba, eso no iba a ser fácil, y necesitaba contar con el apoyo de Faraón (v.4b).  Comentó su deseo en forma indirecta, por medio de los siervos de Faraón (v.4), pidiendo permiso para ausentarse de Egipto por unos días (v.5b).

NOTA: En el v.5, José menciona un detalle importante acerca del lugar donde iban a enterrar a su padre. Iba a ser en el sepulcro que Jacob mismo se mandó hacer, estando aún en la tierra de Canaán.

Quizá José tenía cierto temor que al querer llevar a su padre para enterrarlo en la tierra de Canaán, el Faraón lo tomaría como un insulto a Egipto – como si estuviera diciendo que la tierra de Egipto era ‘sucia’ o indigna para sepultar a su padre.  Sin embargo, el Faraón respondió favorablemente, animándole a José a cumplir lo que prometió a su padre (v.6).


a. ¿Quiénes Fueron a Enterrar a Jacob?

La comitiva que acompañó el cuerpo de Jacob fue impresionante (v.7-9).  Incluyeron:

- “todos los siervos de Faraón” (v.7b); ‘los ministros del faraón’.
- “los ancianos de su casa” (v.7c); se supone, de la casa de Faraón.  Una traducción lee, ‘los ancianos de la corte’.
- “todos los ancianos de la tierra de Egipto” (v.7d); ‘los concejales de los pueblos’.
- “toda la casa de José” (v.8a).
- “sus hermanos” (v.8b).
- “la casa de su padre” (v.8c).
- “carros y gente de a caballo” (v.9a).

En resumidas palabras, todos los hijos de Israel fueron, con la excepción de “sus niños, y sus ovejas y sus vacas” (v.8d).  Es probable que las mujeres quedaron también, aunque Moisés no las menciona.

Por eso Moisés afirma que “se hizo un escuadrón muy grande”.  La palabra en hebreo se usa para un grupo organizado muy grande (sea de soldados, bailarines, etc.).  Podríamos traducir el término, ‘banda’ o ‘compañía’.

Años atrás, el abuelo de Jacob (Abraham) fue acompañado hasta la frontera de Egipto por un grupo de soldados, bajo la orden de Faraón (Gén 12:20).  ¡Cuán diferente fue esta situación!  El cuerpo de Jacob fue llevado con toda la pompa y ostentación que Egipto ofrecía.  Extraño, para un hombre tan sencillo como Jacob.

Si tomamos a José como una ‘sombra’ o figura de Jesús, entonces Jacob representa el ‘típico’ pecador.  Nosotros, como pecadores, no somos de gran valor.  Sin embargo, por nuestra relación con Cristo, disfrutamos de gran honor y prestigio.  Eso se verá especialmente en nuestra muerte, cuando seamos llevados del ‘Egipto’ de este mundo, a nuestra Tierra Prometida; el Canaán celestial (ver 1 Juan 3:2).


b. ¿Dónde le Enterraron a Jacob?

Toda la procesión funeraria se digirió “hasta la era de Atad, que está al otro lado del Jordán” (v.10a).  Cuando llegaron al lugar “endecharon allí con grande y muy triste lamentación” (v.10b).  Toda la emoción de la familia de Jacob se desbordó ahora en un tiempo de duelo y llanto.   Estaban por despedirse del gran patriarca; nunca más verían su cuerpo o el lugar de su sepultura.  Era un momento sumamente emotivo. Como era de suponer, José mismo dirigió el acto fúnebre, e “hizo a su padre duelo por siete días” (v.10c).  Fueron siete días, luego de los setenta días en Egipto (v.3), y después del largo viaje de Egipto.

Algunos afirman que “la era de Atad” estaba al oeste del río Jordán (cerca de la cueva de Macpela), y que Moisés indica que dicho lugar estaba “al otro lado del Jordán”, porque él estaba escribiendo este narrativo estando al este del Jordán, antes que el pueblo de Israel cruzara el río Jordán para comenzar la Conquista.

Sin embargo, otros opinan que la era de Atad estaba al este del río Jordán; y que la comitiva de Egipto se acercó a la tierra de Canaán, siguiendo la misma ruta que el pueblo de Israel seguiría años después, en el Éxodo.  Al llegar a la era de Atad, todo el grupo hizo duelo por siete días, antes que la familia de Jacob cruzara el Jordán, llevando el cuerpo de Jacob para enterrarlo en la cueva de Macpela.


Sea donde sea que hicieron duelo, lo que queda claro del texto es que los cananeos, al ver tanta gente llorado y lamentando, quedaron impactados.  Dijeron, “Llanto grande es este de los egipcios” (v.11).  Por eso el lugar fue nombrado, “Abel-mizraim”, que significa “Llanto de Egipto”.


Conclusión

Moisés concluye el relato destacando la obediencia de los hijos de Jacob: “Hicieron, pues, sus hijos con él según les había mandado” (v.12).  Cumplieron todo lo que Jacob pidió antes de morir (v.13).

Habiendo acabado todo, volvieron a Egipto (v.14).  José obviamente tuvo que volver; pero a ninguno de sus hermanos se les ocurrió quedar en la tierra de Canaán, a pesar del temor que aún tenían de José (como veremos a continuación, en Gén 50:15-18).



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