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En 1 Cor 1: 10-11 y 3:3, Pablo acusa a la iglesia en Corinto de estar dividida; de tener luchas y peleas entre los hermanos. Tal comportamiento, dice Pablo, es una marca de inmadurez espiritual. Sin embargo, aquí en Hch 15, vemos al mismo apóstol Pablo discutiendo y peleando (v.2) con un grupo de creyentes – hermanos de Judea (v.1). ¿Estaba bien eso? ¿O será que Pablo era culpable del mismo comportamiento que él condenó en los corintios?
El contexto de los dos pasajes muestra la gran diferencia entre ellos. En Corinto estaban peleando acerca de cosas muy secundarias; en Hechos 15 asuntos de suma importancia estaban en juego. El problema surgió cuando un grupo de hermanos llegaron a Antioquía proveniente de Judea (v.1a); probablemente de Jerusalén. Ellos comenzaron a enseñar a los hermanos en Antioquía un mensaje muy diferente de lo que Pablo y Bernabé enseñaban. Lucas resume su enseñanza en la siguiente manera: “Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos” (v.1b). Esta enseñanza socavaba completamente la doctrina de la justificación por medio de la fe en la muerte de Cristo. Lo que los hermanos de Judea estaban enseñando era que no se podía obtener la salvación sin cumplir la ley de Moisés. Consciente de sus responsabilidades pastorales, de cuidar la grey del Señor (ver Hch 20:28-30), Pablo y Bernabé confrontaron a estos hermanos; y fue en ese contexto que se produjo “una discusión y contienda no pequeña” (v.2a). Los hermanos de Judea no estaban dispuestos a reconocer sus errores, y Pablo y Bernabé no estaban dispuestos a dejar que ellos siguieran enseñando un evangelio falso. Como Pablo afirma en la carta a los Gálatas, si alguien anuncia un ‘evangelio’ diferente, eso constituye un grave peligro; no sólo se estaba pervirtiendo el evangelio, sino que se estaba perturbando a la iglesia (Gál 1:7). Por eso, Pablo y Bernabé se opusieron rotundamente a estos falsos maestros, quienes querían imponer sus ideas sobre la iglesia en Antioquía. REFLEXIÓN: Aunque tenemos una gran responsabilidad de mantener la unidad de la iglesia, también tenemos la responsabilidad de mantener la pureza del evangelio. Generaciones anteriores lucharon por la fe, y estuvieron dispuestos a entregar su vida por mantener un evangelio bíblico. ¿Estamos dispuestos a hacer lo mismo nosotros? ¿Estamos alerta ante falsos ‘evangelios’? Ante esta situación, el liderazgo de la iglesia en Antioquía decidió que Pablo y Bernabé, juntamente con otros miembros (probablemente líderes) de la iglesia viajen a Jerusalén, para conversar el asunto con los líderes de la Iglesia Madre, en esa ciudad (v.2b). Uno esperaba que el liderazgo de la iglesia en Jerusalén sea conformado por los apóstoles; lo que sorprende es que Lucas menciona un segundo grupo de líderes – “los ancianos” (v.2b). Al parecer, ellos ya estaban compartiendo el liderazgo de la iglesia en la capital. Aunque Lucas no lo menciona explícitamente, es obvio que los apóstoles comenzaron en Jerusalén el proceso que Pablo y Bernabé aplicaron en las iglesias que ellos formaron – la delegación de autoridad a líderes locales, llamados “ancianos” (ver Hch 14:23). Este es un asunto de gran importancia, porque muestra que la máxima autoridad en la iglesia local no radica en los apóstoles (como algunos hoy en día pretenden afirmar), sino en los “ancianos”. Los apóstoles, como fundadores de la iglesia, tuvieron una autoridad provisional, en los primeros días de la existencia de la iglesia. Pero la meta no era que ellos quedaran a cargo de la iglesia, sino que delegaran esa autoridad en forma permanente a otro grupo de líderes llamados, “ancianos”. Los que unos capítulos atrás fueron enviados por la iglesia en Antioquía a las misiones (Hch 13:1-3), ahora son enviados por la misma iglesia a una gran conferencia teológica, con el fin de zanjar el tema de la doctrina de la salvación – una doctrina que está al centro del evangelio. La delegación de Antioquía fue a pie, pasando por Fenicia y Samaria (v.3). En esos lugares, fueron recibidos por los hermanos, en diversas iglesias locales. En cada lugar, aprovecharon a contarles de sus experiencias en las misiones, y de como muchos gentiles se habían convertido en Asia Eso causó gran gozo entre todos los hermanos en Fenicia y Samaria (v.3b). REFLEXIÓN: Aunque estaban yendo para tratar un tema polémico, la mente y el corazón de Pablo y Bernabé seguían puestos sobre la gracia de Dios en conceder la salvación a tantas personas. No iban a permitir que la confrontación doctrinal les quite el gozo de lo que Dios estaba haciendo. Debemos procurar tener ese mismo espíritu. A veces nos vemos envueltos en discusiones y diferencias teológicas, con otros hermanos. Pero nunca debemos permitir que eso domine nuestra mente, y nos haga personas conflictivas y pleitistas. Ps: Alex Donnelly |


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